El secreto último de la Rambla
La fama alcanzada por la principal arteria de la capital catalana dentro y fuera de nuestras fronteras es ya un tópico. Sin embargo, quizás nunca se ha descubierto o explicado de manera convincente cuál es el secreto último de su atractivo. Ignasi Torralba también le había dado vueltas a esta cuestión y, haciendo memoria, explica una anécdota que le impactó y que, de forma bella y alegórica, nos permite abrir la puerta del misterio. Una anécdota que, en una conferencia, relató Miguel Carballeda, persona casi invidente del todo y alto cargo de la ONCE. El señor Carballeda dijo que, para él, la Rambla era la calle o paseo ideal y propuso a los presentes que lo escuchaban que hicieran la prueba haciendo el recorrido, agarrados del brazo de un amigo y cerrando los ojos. "Al principio sientes el aleteo de los pájaros, proveniente de las paradas de pájaros. Vas bajando Rambla abajo y de repente percibes el olor diverso de las flores. Después sientes el olor de la tinta de los periódicos, revistas y libros. A continuación te das cuenta de la animación de sillas y mesas y entonces sabes que estás pasando delante de las terrazas donde la gente se sienta a ver pasar a los viandantes. Finalmente, empiezas a notar el olor salino del agua marina. Estás al final, allí donde confluyen todos los caminos".