De alcantarilla a Paseo

Alrededor del año 1.200, algunos escuderos y pequeños núcleos de edificaciones, conventos y casas de campo con sus huertos, se fueron dispersando fuera de las murallas de la época romana. Pero la inseguridad generalizada de aquellos tiempos medievales obligaba a proteger a las poblaciones dentro de un recinto fortificado. Es así como, hacia el año 1287 se comenzó a construir un segundo círculo amurallado. Se llamó la muralla de Jaume I, porque la construcción se decidió en su tiempo, aunque las obras no comenzaron hasta once años después de su muerte. Esta muralla de Jaume I se extendió hasta el margen izquierdo de la Rambla, dejando esta fuera.

La muralla de Jaume I el Conquistador tenía más de cinco kilómetros de longitud, por lo que a la ciudad le faltaba espacio. La relativa estabilidad política y económica había hecho que nuevas órdenes religiosas quisieran establecerse en la capital catalana, o que las órdenes ya existentes quisieran levantar nuevos conventos. Este fue el caso de los franciscanos, que hicieron edificar el convento llamado de Framenors cerca de la Rambla, al lado de la playa, es decir, fuera muralla.

Por otro lado, en los campos que había entre la Rambla y la montaña de Montjuïc se estaba formando de manera improvisada un nuevo barrio, el del Raval.

Después de la Peste Negra, que asoló el territorio en el año 1347, nuevos núcleos de población habían cruzado la rambla y se habían establecido, cerca de algunos conventos. El lecho de la rambla fue transformado entonces en alcantarillado hasta las Atarazanas.

No obstante, aquellos nuevos núcleos de fuera muralla quedaban nuevamente totalmente desprotegidos en caso de sitio o asalto enemigo. Nuevamente fue necesario ampliar el círculo fortificado.

Hacia 1377, en tiempos de Pedro III el Ceremonioso, comenzó, por lo tanto, la construcción de un tercer recinto amurallado. Terminadas las obras, la Rambla, por tanto, quedó incluida dentro del cinturón fortificado, pero continuó siendo una rambla, en los alrededores de la cual las inundaciones de otoño causaban toda clase de estragos. En estas circunstancias, los más afectados eran los pequeños talleres y tiendas alojados en algunos tramos de muralla que habían sido agujereados y aprovechados así por los artesanos.

Ante todo esto, el Consejo de Ciento decidió desviar el curso natural de la rambla. Y no debía ser una obra sencilla, pues el eminente geógrafo Pau Vila la calificó de "creación medieval urbanística".

La aparición de las Ramblas se fija, de acuerdo a las crónicas en el año 1440, justo en el momento en que el antiguo lecho de la rambla que pasaba al pie de la muralla fue acondicionado como zona de deportes, transformándolo además en un paseo que rápidamente se convirtió en el favorito de gran parte de la población, a pesar de la presencia cercana al portal de la Boquería, de las horcas plantadas para colgar a ciertos condenados a muerte considerados "personas viles". La amplitud de este nuevo espacio permitía a los ciudadanos pasear tranquilamente sin ser molestados por los carros de transporte.

El aspecto del paseo a mediados del siglo XV era totalmente rústico. No solo por la existencia de muchos huertos y de las correspondientes cabañas de los hortelanos, sino también por los puestos del mercado atendidos por campesinos, y de las diversas ferias que se instalaban, con las chozas, carros, animales, carreteros, traficantes, charlatanes, adivinos, mendigos y curiosos grandes y pequeños.

En verano se pesaba la paja. En otoño se vendía uva. Por San Tomás, durante las fiestas navideñas, se hacía la feria de los cerdos. Y durante todo el año se veían las inevitables mesas de juego. Sin duda, el centro de animación era el Pla de la Boquería, así llamado porque se vendía carne de macho cabrío.

Tanta fue la fascinación que este nuevo paseo despertó entre los barceloneses, que incluso el Consejo de Ciento se pronunció a favor y atribuyó a este nuevo paseo la ennoblecimiento de la ciudad "por la puerta del hierro (Portaferrissa)(. . . ) hasta el mar, tiene una amplitud hermosa y espaciosa, apreciada por los transeúntes y viandantes (. . . ) en verano como en invierno (. . . ) tanto hombres como mujeres".

En los siglos XVI y XVII, el núcleo urbano de Barcelona estaba saturado y las nuevas instituciones religiosas que llegaban a la ciudad debían instalarse en la Rambla. El espacio que ocupaba un convento era bastante más grande de lo que se pensaría en primera instancia. Desde el punto de vista económico, un convento debía funcionar como una especie de entidad autónoma, autosuficiente. Además de la iglesia o capilla, del claustro, refectorio, dormitorio y cocina, era imprescindible el huerto, que no era un elemento decorativo o de recreo, como el jardín, sino el necesario elemento de subsistencia diaria.

Pero el hecho de que los diferentes conventos se fueran alineando de forma más o menos recta o sinuosa, contribuyó a dar a la Rambla un aspecto más urbano.

Los jesuitas, así, construyeron el convento de Belén en el año 1553, aunque fue reconstruido en 1681. Los carmelitas descalzos fundaron en 1586 el convento de San José en el lugar donde hoy se encuentra el mercado de San José de la Boquería.

Debido a que Ignacio de Loyola había hecho estancia en Cataluña, los jesuitas se desarrollaron en gran manera. En el año 1593, junto al convento de Belén que ya tenían, fundaron también el Colegio de Cordelles, de enseñanza superior. Desafortunadamente, el edificio de Cordelles fue vendido y derribado durante la ocupación napoleónica.

Por su parte, los Capuchinos - uno de los diversos órdenes inspirados en la regla de los franciscanos - se instalaron en Santa Madrona, la parte baja de la Rambla.

LA RAMBLA DE BARCELONA
La Rambla es uno de los lugares de Barcelona donde más actividad se concentra, una ciudad dentro de otra ciudad.
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