La noche que cambió la Rambla
El día de Sant Jaume de 1835 se produjeron unos hechos en Barcelona que cambiaron definitivamente la fisonomía de la Rambla. Ese día, el Torín de la Barceloneta estaba lleno para presenciar una corrida de toros, uno de los eventos más populares en aquellos tiempos en la ciudad. Los toros que se lidiaron esa tarde salieron muy mansos, lo que exasperó los ánimos de un público ya muy crispado a consecuencia de la guerra civil que enfrentaba a liberales y absolutistas.
Espontáneamente se formó una manifestación que comenzó a descargar su ira y frustración contra los conventos más cercanos, para después dirigirse hacia los de la Rambla y sus alrededores. Este hecho se explica debido al profundo sentimiento anticlerical que las clases populares y la burguesía barcelonesa profesaban contra los frailes y monjas. A los frailes se les acusaba de apoyar y dar acogida a las partidas carlistas, de acaparar trigo y alimentos, del brote de cólera del otoño anterior, de envenenar las aguas y de tener inmovilizada una buena parte del suelo urbano con conventos, en un momento en que los solares urbanizables de la ciudad se habían agotado y los ciudadanos se apiñaban y se veían obligados a construir en altura, empeorando así las condiciones de vida.
Durante esa tarde y noche de San Jaime, los ciudadanos asaltaron una docena de conventos, cinco de los cuales fueron totalmente destruidos, y muchos frailes y monjas fueron asesinados.
Esta revuelta popular probablemente impulsó el proyecto de desamortización de los bienes eclesiásticos, que se reguló al año siguiente mediante el decreto de Mendizábal del 19 de febrero de 1836. De esta manera se comenzaron a liberar grandes superficies de suelo urbano, cuya nueva construcción y nuevo uso transformaron la ciudad y en especial la Rambla.
Así, el mismo año en que se puso en marcha la desamortización se cubrió de obra el antiguo convento de San José para convertirse en el mercado de la Boquería.
Lo mismo hicieron, aunque años después, con el de los capuchinos de la Rambla, que se derribó y se convirtió en la plaza Real.
Los solares de los conventos de la Rambla y sus alrededores permitieron la transformación definitiva de esta antigua rambla, que a partir de mediados del siglo XIX se convirtió en un paseo lleno de edificios promovidos por la burguesía liberal, el más emblemático de los cuales, sin duda, fue y sigue siendo el Liceo, construido también sobre el terreno de un antiguo convento.